[ San Salvador, 18 - 24 de octubre de 2004
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Independencia: más que azul y blanco

Cuestionar el sentido de las acostumbradas celebraciones de independencia para los salvadoreños del siglo XXI puede ser vital.
Gabriela Lam y Ruth Grégori
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Foto: Walter Sotomayor
Los colores de la bandera salvadoreña se elevaron por las calles de San Salvador el pasado 15 de septiembre.
Desfiles integrados por bandas de paz (ya no de guerra), cachiporristas, pelotones de estudiantes, militares, aspirantes a policías, así como ventas en la calle son los típicos ingredientes que conforman las celebraciones de independencia cada 15 de septiembre. Pero ¿Se preguntarán los asistentes el significado que estas actividades tienen hoy, o por qué o para qué se hacem?

Plantear cuestionamientos sobre aspectos que se dan por descontado en el conocimiento en la historia de nuestro país, entre ellos del proceso independentista, es algo que no se incluye en las celebraciones de estas gestas. Pero hay muchos aspectos aún por dilucidar, o que a la luz de los años cabría analizar.

¿Habría que contar a más personas entre los próceres de la independencia?, ¿A quiénes y por qué? Investigaciones recientes, como las del investigador Carlos Cañas Dinarte han respondido en parte a esos cuestionamientos, devolviendo su lugar en la historia a nombres de mujeres y hombres que participaron en dichas gestas.

Cuestionar la veneración hacia los símbolos patrios puede percibirse casi como herejía, pero, como señala Cañas, "la gente pronuncia mal el himno nacional, repite la oración a la bandera de forma mecánica". "Habría que preguntarse", explica Cañas, "si a ciento y tantos años de haber hecho el himno nacional sigue siendo válido como canto patrio."

Preguntarse si tuvo lugar o no una verdadera independencia puede parecer la máxima herejía, pero aparece como una cuestión relevante, si partimos del hecho de que aún hay aspectos que desconocemos en nuestra historia e incluso percepciones que pueden aparecer como contradictorias.

Sajid Herrera, historiador, plantea que esta interrogante puede responderse a partir de la consideración de tres períodos en un fenómeno que debe abordarse más como un evento que como un punto en un proceso, que incluyó un antes y un después.

Un primer período, de corta duración, comprendería del 15 de septiembre de 1821, fecha en que se firma el acta de independencia de España, al 1 de julio de 1823, cuando las provincias unidas de Centroamérica declaran que son libres y soberanas de España, de México y de cualquier otra potencia. "El 15 de septiembre es una independencia "coja", no es absoluta, porque deja abierta la pregunta sobre su futuro político", dice Herrera.

Un segundo período, de mediana duración iniciaría en 1823 y abarcaría gran parte del siglo XIX. "Fue un proceso de búsqueda de autonomía con respecto a intereses políticos, económicos y estratégicos, específicamente de las grandes familias de Guatemala".

Pero de acuerdo a Herrera habría un tercer período que llega hasta nuestros días, una independencia "de larga duración": "Estamos viviendo permanentemente una búsqueda de nuestra propia soberanía, en una búsqueda de nuestra propia independencia".

Independencia o nación

Foto: David Méndez
Los vehículos blindados se vieron una vez más por las calles de El Salvador. Después de trece años de finalizada la guerra surge la pregunta: ¿qué tiene sentido tiene seguir viendo desfilar a los militares?

Analizar el impacto que puede o no tener la forma en que se acostumbra conmemorar la independencia en la concepción de nación que tiene la población salvadoreña, lleva a reconocer aspectos positivos y negativos.

Este tipo de celebraciones cumplen algunas funciones en la conformación de una identidad nacional. Roberto Turcios, autor del libro "Los Primeros Patriotas" e investigador, opina sobre estas celebraciones cumplen una función simbólica de cohesión nacional, que contribuye a afirmar el sentido de pertenencia a una entidad política, a un Estado, y a unos símbolos de país. Coincide en ello Herrera: "son parte de un proceso de socialización, de inventar y recrear un país, de crear una identidad política".

Pero limitarse a conmemorar un evento y unas figuras puede tener como resultado una visión limitada del proceso histórico que ha descrito el país. Turcios señala que existe más bien una visión fragmentada y distorsionada que no hace referencia clara al sentido político y naturaleza de la independencia.

Carlos Cañas Dinarte lo resume de la siguiente manera: "Nos quedamos simplemente en una veneración hacia las figuras de los próceres y muy pocas veces se trata de estudiar el proceso de la independencia. Mucha gente cree que la independencia sólo fue firmar el acta, y lo que pasó antes y lo que pasó después no se dimensiona".

De hecho, durante la época colonial existían diversos grupos sociales, para quienes "el término independencia significaba aspectos totalmente distintos, porque tenían intereses particulares", como indica Sajid Herrera. Entre estos grupos se encontraban los peninsulares (españoles residentes en la Península Ibérica), los criollos (hijos de españoles residentes en América), indios y los "ladinos" o "castas" que se dividían en "zambos" (hijos de indios con negros), "mestizos" (hijos de españoles con indígenas); y "mulatos" (hijos de españoles con negros), además de los esclavos negros.

En el caso de los criollos lo fundamental era terminar con la desigualdad que ellos sentían en el trato con la región peninsular. Los ladinos, al igual que los indígenas, querían liberarse de los tributos que a menudo les requerían, pero todos ellos compartían la idea de tener diputados en la corte, en sintonía con una concepción republicana en oposición al régimen monárquico.

La visión fragmentada de la independencia también tiene como resultado que se aluda a ella en sentido mítico, según afirma Turcios: "En el proceso hay una parte de fracaso. Nacieron cinco estados como resultado del fracaso en la construcción de una república centroamericana, lo cual tiene un significado enorme al que no se hace referencia en las celebraciones".

La escasa vinculación con la realidad y los hechos tendría como resultado, según Turcios, el que se tenga una visión maniquea de país: "Se habla de buenos o malos, de patriotas o traidores, de próceres de bronce no de carne y hueso", la cual se estaría manteniendo en la actualidad.

Cañas por su parte alude también al asidero que el civismo y el patriotismo deben tener en la realidad, también en la época actual: "Yo no le puedo estar diciendo a alguien un concepto de patria cuando la patria se cae a pedazos por la delincuencia, cuando hay vulnerabilidad social ante los desastres, o a alguien que a lo mejor ni ha comido ese día. La patria no es sólo una construcción mental sino que una realidad tangible".

Es por ello que, se vuelve necesario que estas celebraciones incluyan un sentido de criticidad y análisis. Una cuestión capital sería la de qué tanta independencia o soberanía ha logrado el país en todos estos años· Para Herrera ser soberanos no significa encerrarnos en nosotros mismos, sino establecer lazos y redes de cooperación, amistad y comercio con otras naciones, siempre y cuando las naciones entren en un proceso de respeto mutuo.

Pero para Herrera actualmente no queda claro que seamos un país soberano, pues si bien ya no vivimos bajo los vaivenes de España, México, Guatemala, o de influencias culturales de Inglaterra o Francia, seguimos viviendo bajo los vaivenes políticos y económicos, en este caso, de Estados Unidos".

Por una visión alternativa

Frente al panorama arriba descrito se impone cambiar aquello que con el tiempo ha reducido el significado del proceso de independencia a unas celebraciones caracterizadas por una campaña cívica que incluye afiches, que circulan por todas las oficinas de Gobierno, banderas en los edificios y cantar el himno a las cuatro de la tarde el 14 de septiembre en las oficinas públicas, o una típica cobertura con las mismas imágenes y los mismos datos en los medios de comunicación, pero que se limitan a un período del año, un mes o un día, en lugar de una reflexión y discusión permanente típicamente.

De acuerdo a Carlos Cañas, esta situación sería reflejo de una limitada creatividad y de una tradición educativa a la que como población ya nos hemos habituado, y en ello tendrían responsabilidad sectores intelectuales, instituciones de gobierno y medios de comunicación que muchas veces se conforman con difundir lo que ya se ha venido publicando durante tanto tiempo. Por esa razón fomentar un nuevo sentido del civismo se plantea como un esfuerzo coordinado entre instituciones

Es por ello que sería necesario "reenamorar" a la población respecto al civismo. "Yo siempre he tenido la idea de que la independencia debiera ser por ejemplo una serie de televisión, un documental, o una radionovela. Pero eso no se hace, sino simplemente anuncios de azul y blanco en los periódicos, e ir tocar o a cantar el himno nacional en las oficinas públicas".

Pero también es necesario dar mayor apoyo y divulgación a las investigaciones históricas sobre la época. Roberto Turcios señala que es necesario dar a la Escuela de Historia de la UES todo el apoyo para que se convierta en fuente de interpretación de nuestro pasado, que contribuya a tener una visión "más humilde y genuina" de la vida nacional. "Asumir eso es fundamental para el pluralismo, tolerancia y democracia en el país", remarca Turcios.

En nuestra historia hay aún muchas preguntas sin respuesta. Pretender conocerlas todas u obviar la importancia de plantearlas y buscar respuestas a ellas seguirá limitando nuestra visión de patria en un lente bicolor: azul y blanco.

Lea también:
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