Miriam Estupinián, secretaria de Monseñor Romero

“A Monseñor Romero que no lo comprometan con la izquierda” (I)

Christian Guevara/ Fotografías de Christian Guevara
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Miriam Estupinián es una mujer de contrastes: nació cercana a familias pudientes de derecha, pero decidió, según ella, trabajar por los pobres durante 28 años. Entró, como era común hace más de veinte años, a los cursillos de cristiandad, pero decidió hacer algo no tan común: ofrecerse a trabajar con Monseñor Romero, aunque eso significara correr riesgos, ocultarle información a su madre y que la tildaran de comunista. Y el contraste más fuerte es su manera de platicar: literalmente conversa de todo, sobre todo y de todos.

Se convirtió en la secretaria personal del religioso más emblemático del país hasta el día de su asesinato. Lo conocía y lo conoció, aunque afirma que nunca fue íntima con él, pero su muerte sigue tan presente en ella como para despertar la más devota devoción o las más impotentes lágrimas

(Decidimos pedir un Rouland con Chutney de Manzana, aquel aperitivo de Contempo digno de un estudio. Miriam lo reconoce de inmediato: “Yo lo hacía antes”, dice, “pero a mí me enseñaron a hacerlo con mango no con manzana”. La plática ha iniciado con lo gastronómico).
- ¿Usted aprendió a cocinar por receta?
Desde de que yo tenía 19 años, que yo comencé a trabajar. Ya a los 18- 17 íbamos a clases con una amiga, pero después descubrimos que la chera recibía en las mañanas las clases y en las tardes nos enseñaba, que en la mañana recibía la receta y en la tarde la impartía y cobraba. Entonces nos fuimos de ahí..

A mí siempre me gustó la cocina, o sea, de niña me pusieron como obligación ayudar en las vacaciones...

(Es mediodía y el menú llega rápido a la mesa. Nuestra invitada lo toma y, después de decidirse por una limonada, fija su mirada en el sándwich “Vasco”. “Ve, hay uno con jamón serrano”, exclama. La plática toma el primer giro de 360, esta vez hacia su niñez. Muy pronto nos acostumbraríamos a hablar de mil y un temas, de saltar rápido de tramas con Miriam, una mujer que demostró ser, literalmente, una elocuente “platicadora”).
Enfrente de nosotros vivía la familia Molins, y ellos me trataban como a una hija y la señora cocinaba riquísimo.

- ¡La Familia Molins, la del INDES?
No, el tío de él. Él siempre tenía jamón serrano y no tenía hijos, entonces siempre me invitaban a comer, como vivíamos en frente. Pero era un señor así como todo delicado, todo medido.

- ¿Usted dónde vivía, Miriam?
Yo vivía antes por el cuartel San Carlos ,en el Pasaje Santa Rosa en un casa bien chiquita... ¿Están grabando?

- Si
No, pero “nombre”. ¿Y van a poner eso?

- Ja, ja, ja, como no... (Miriam se asombra momentáneamente que su niñez nos parezca interesante. Después de algunos regateos y de explicarle que estamos felices de conversar, los recuerdos vuelven a fluir raudos y también los temas, que aparecerán uno tras otro y sin cesar)
No yo no le tengo miedo, pero cuando llore la apagás porque yo siempre lloro. Es que yo soy muy emotiva.. Para mí hay dos regalos que tuve en la vida, ¡no!, tres: mi familia y mi hijo José Roberto; el hecho de haber conocido al Padre Antonio Ibáñez, con quien trabajé en FUNDASAL por 28 años... aunque ya...

- ¿Ya no siente la misma emotividad de trabajar en FUNDASAL?
No, no, ya no es lo mismo. Pues la cosa es que al Padre Ibáñez lo conocí a través de una excursión de Cristiandad. En ese tiempo yo estaba en Estados Unidos, pero yo era amiga de él porque yo recibía clases de teología, y teología con las hijas de las 14 familias millonarias. Ibañez les decía: “Mirá, Nena, si no das a los pobres lo que tenés te va a tocar ir a Miami de asesorcita”. Y cabal, lo que le tocó a los ricos, irse, verdad, por los 80s que fueron a sacar millones de Miami.

Luego, a Monseñor Romero lo conocí por dos amigas que intimé por ser de “Cristiandad”, Ana María y Coralia Godoy, eran gente relacionada con todas las 14 familias y parientes y todo lo que quieras. Pero ellas, digamos, no eran las ricas, pero sí eran gente con mucha comodidad. Vivían ahí en la casa que le vendieron al Frente, en la Escalón, en la 73 avenida, esa era la de ellas. Entonces, por ellas conocí a Monseñor Romero. Me dijeron: “mirá, vamos a ir a una reunión con Monseñor Romero”, cuando lo nombraron.

- ¿Ese fue el tercer regalo?, conocer a Monseñor.
Sí...


- ¿Cómo era la relación de Monseñor Romero con las 14 familias?
Les voy a contar mi experiencia. Monseñor Romero me decía que tenía que ir un día al arzobispado con él por que se iba nombrar la junta directiva de Cáritas. Yo no lo conocía. Entonces yo dije: “voy a ir a ver qué pasa, por cortesía” y resulta que él quedó de presidente y yo de secretaria de la Junta Directiva. Entonces, todo lo que yo hacía él firmaba o viceversa y había una relación cercana.

¿Cuánto tiempo estuvo?
Yo dije: “voy a aceptar para mientras y después voy a renunciar porque no me va a quedar tiempo para esto”, era en las noches. No era por miedo, porque no, a mí nunca me dio miedo, aunque yo toda la vida he hecho las cosas a escondidas. Eso sólo lo sabe mi hijo José Roberto.

- ¿Se refiere al miedo de la represión?
Miedo, digamos... sí, porque Monseñor era perseguido. Nosotros en diferentes casas trabajábamos y salíamos a las doce de la noche. Era rara la vez que nos reuniéramos en el arzobispado o en el seminario San José de la Montaña.

Entonces, ahí me quedé y me fui quedando, y me fui quedando hasta un día que una de las compañeras me dijo: “mirá, yo ando en algo y ahí en el parqueo de la UCA se recogen los transportes de Cáritas para...”

(El lente de la cámara apunta a Miriam buscando obtener una buena instantánea. De manera simpática, la vanidad se le escapa a nuestra invitada. “Si me van a tomar foto me quito los lentes”, dice ... y rápidamente retoma el relato.)

“...para lleva alimento y todo eso a los muchacos”. Que eran los que estaban clandestinos. Entonces le fui a contar al Padre Ibáñez. “Padre, fíjese que usted sabe que a mí nunca me ha gustado tener una relación que comprometa a mi familia, porque yo soy única hija y mi familia es de derecha y yo he tenido una libertad de acción, siempre”. Es que yo no quería involucrarme ni involucrar a mi familia. Padre Ibañez me dijo que renunciara.

¿Por qué no le dijo a Romero?
Es que era muy feo. Le dije al Padre Ibáñez que le informara a Monseñor Romero que yo me iba a retirar. “No, no, hacé una carta”, me dijo, “y yo le voy a decir”...

- Usted le ocultó que...
Yo no se lo quise decir, le dije al Padre Ibáñez que lo hiciera.

- ¿Por qué no le quería decir a Romero, no tenía confianza...?
Como no, pero lo que pasa es que era una cosa tan delicada que yo prefería confiársela al padre y que él se la transmitiera de la mejor manera que pudiera y que averiguara, porque, realmente, a mi me parecía que eso no debería hacerse...

A Monseñor Romero que lo dejaran libre, entendés, pero no comprometerlo con cosas de la izquierda. A mí no me parecen esas cosas...

Pero la cosa fue que nosotros seguimos trabajando...

- ¿Usted nunca pensó que Monseñor Romero ya sabía de eso...?
No, él no hubiera permitido eso. Porque a Monseñor Romero le han dicho muchas cosas y lo han involucrado que no creo yo que haya razón de ser.

- ¿Y usted dejó de llevarse con esta amiga?
No, no, todavía hace poco fui a una cena con ella. Es una mujer que fue encarcelada y torturada. ¿Sabe qué? yo respeto a mis amigas, y a mí que me respeten, que me dejen manejarme como me parezca.

- Sentí un poco de admiración cuando dijo que a ella la hubieran encarcelado.
No, no, no... a ella, de admirarla no, callate. Es una pena terrible porque perdió las uñas y todo. Cuando estaba en la cárcel, en la Policía, empezó a gritar cuando supo que iba a llegar la Cruz Roja Internacional. Empezó a gritar y la sacaron. Ella estuvo en Europa durante algún tiempo. Es de la gente que pidió fondos ... y es de la gente limpia, porque acordate de que hay gente que se ha aprovechado y hay gente que no, que mejor se retiró.

- ¿Usted tiene un pensamiento de derecha?
¡No, no, no, en absoluto! Soy de izquierda. Yo he trabajado 28 años con los pobres y pero yo, o soy, quizás, equilibrada en ese aspecto, no me apasiono y eso que he ocultado gente en mi casa. Bueno, la experiencia... ¡creo que voy contando de un lado a otro!

Ja, ja, ja...
Ya me acordé que estaba hablando de Monseñor.

(Y la plática retorna a Monseñor, exactamente en el punto que se le dejó)
Llegué al Arzobispado, trabajé ahí en Cáritas y fue una experiencia bien valiosa. Por cierto, era gente rica la que estaba en la Junta Directiva, digamos, estaba Aída Parker de Mushoynt, esta niña de los Schwartz,, la suegra de Chávez Mena, la Godoy y así, habíamos un montón. Éramos un grupito.

Monseñor nos dio la orden de revisar cómo estaba Cáritas... y andaba mal. Habían sacerdotes en los pueblos que vendían a colón la orden de comida y sólo reportaban 0.50 centavos y se robaban lo demás. Había un padre, Rutilio Sánchez, que ya no es padre, ahora ese es muy vividor para mí. En aquel tiempo, era perseguido y casi lo matan. Uno lo veía desde otro punto de vista, pero ahora yo siento que se le ha pasado la mano porque ocupaba, hace como tres años, el nombre de Monseñor en Europa para pedir pisto y dice que es obispo. Es mentira, es un farsante. A él lo corrieron de la iglesia, no puede dar misa...

Entonces, él (Rutilio Sánchez) fue el que empezó a investigar. ¿Tu sabés que Cáritas en San Miguel estaba a cargo de Monseñor Álvarez que era un enemigo de Monseñor Romero?

- ¿El encargado del ordinatariato militar?
Sí, ese... Álvarez daba todos los alimentos de Cáritas al cuartel. Y de ahí, habían otros que daban los alimentos de Cáritas a los que criaban caballos en la cuadra hípica que está en Colón, que entrenan a caballos, no sé si todavía existe. También, en el Aeropuerto de Ilopango había una tienda y vendían los alimentos como la soya o el aceite riquísimo que venía y el queso kraft.

Todo eso nosotros lo descubrimos. A ellos se les quitó la ayuda. Pero lo más grave fue que Monseñor Modesto López tenía todos los parientes trabajando en Cáritas y vendían los alimentos más caros... Entonces, nosotros despedimos al gerente que era sobrino de él. También aparecían rotas las bolsas después de venir en el barco, imaginate, cómo en una oficina se iban a romper si no se habían roto en el camino.

¿Y por qué se rompían las bolsas?
Por que Monseñor Modesto López tenía crianzas de cerdos en Chalatenango y los alimentaban con alimentos de Cáritas. Por supuesto, que no te la compraban, porque decían que era un desperdicio, bolsas rotas...

- ¿Se indignó Monseñor Romero?
¡Ah!, terrible. Él era bravo con esas cosas, pero bravo, que se le notaba, se descontrolaba. Entonces nos dijo: “Les doy paso libre para que ustedes hagan lo que crean”... Le dijimos que íbamos a quitar a todo el personal y él estuvo de acuerdo.

Todavía un muchacho, que no recuerdo su nombre, llegó a la oficina y me dijo: “niña Miriam, por qué me han quitado”. “Sabe por qué”, le dije, “y perdóneme que se lo diga, pero esas bolsas de Cáritas sólo se pueden romper con una cuchilla y me imagino que usted así lo hacía para criar los cerdos de su tío”.

Me imagino que los robos pararon ahí

¡No! Todavía se daban robos en Catedral de los alimentos de Cáritas.

- ¿Y qué hicieron?
Entonces le dije a Tilo: “mirá, Tilo, hagamos una cosa, llamemos a un detective para que averigüe...”. “Callate”, me dijo, “el primero al que se va a llevar va a ser a mí”. Porque cabal, el Tilo se ponía vestido de mujer, se ponía peluca porque lo perseguía la guardia.

- En ese momento él era sacerdote
Él era sacerdote. Después se fue con la guerrilla a Chalate y después lo excomulgaron.

- ¿Y el combatió cuando fue con la guerrilla?
Pues el Tilo pudo haberle hecho de todo. No ha de haber sido como “el padre chele zanahoria”... el padre Pónsele, que tiene mis respetos. El Tilo hasta mujeres ha de haber tenido e hijos, porque es terrible.

Bueno, la cosa fue que me dijo: “¿sabés qué voy a hacer? pero como secreto de Junta Directiva, me voy a ir en un camión y me voy a llevar una cajota grande como que va mercadería y que el camión me deje ahí pero adentro voy a ir con Pollo Campero y Coca Cola”,. Entonces, cabal, lo hizo un sábado...

- ¿Tilo iba adentro de la caja?
De la caja, sí. Entonces la caja la llevaron como que era mercadería y él iba adentro de la caja. Entonces llegó el camión, y él adentro comiendo Pollo Campero y gaseosa. Como a eso de las 12 de la noche, oyó ruido y salió de la caja. Era el sacristán de Catedral el que se robaba las cosas.

- Ja, ja, ja, se llevó un buen susto el sacristán.
¡Ah!, imaginate, yo creo que salió corriendo al baño.

- Luego de enterarse de esa corrupción en la iglesia, ¿cómo reaccionó Monseñor?
Monseñor era bien estricto. Era un hombre completamente honesto, íntegro. Siempre me acuerdo hasta de cómo andaba., de sus zapatos lustrados y de sus calcetines de seda negros.

¿Pero qué hizo?
Ah no, quitó a todo mundo. Solo al padre Modesto López no porque, quizás, pensó que no estaba involucrado en algo o por sus años. No sé porqué no lo quitó. La verdad es que Modesto tampoco me la hace mucho a mí, porque después se compró una gran residencia a una familia amiga de él que, por cierto, son de droguería Laínez, que el hijo es de ARENA y también es mi compadre, ¿que te parece?, ja, ja, ja. Porque yo soy madrina de la hija mayor.

La cosa es que yo si creo que sí hizo su dinero don Modesto López. Que Dios lo haya perdonado porque, realmente, trató mal a Monseñor y a todo mundo. A mí, cuando me veía llegar, después de la muerte de Monseñor, me increpaba: “ahí vienen las comunistas”, nos decía a la Godoy a y mí.

- Usted mencionó personas de status económicamente alto. ¿Esta gente estaba adentro de la iglesia por ser conservadoras o porque era gente de dinero que estaba comprometida con el servicio social?
Yo creo que eran gente de dinero pero gente “de avanzada”. Me merecen respeto, en aquel tiempo, que estuvieron en la FUNDASAL: Murray Meza, Francisco de Sola hijo, don Ricardo Poma hijo, don Luis Poma, ahí estaba Palomo, el de la ADOC.

Pero qué es lo que dijo el padre Ibáñez en un documento que llegó a México: “yo no sé si la gente de dinero y de poder de este país me está utilizando a mí, o yo los estoy utilizando a ellos”.

- ¿Y ahora que piensa cuando usted ve a gente como a Ricardo Poma hijo o a Murray Meza en el COENA...?
¡Ay, no!, ¡que terrible!, nunca me imaginé.

(El Rouland con Chutney de Manzana llega a la mesa. Y con el plato, el cambio instantáneo de la conversación. Esta vez, el giro es hacia las madres, cuando afirma que su madre nunca se dio cuenta de las actividades que hacía)

Con mi mamá vivimos juntas, pero también ha sido muy difícil la relación de mi mamá conmigo. Es blanco y negro. Y eso es lo que no he querido pasarle a mi hijo José Roberto, porque, realmente, es bien duro. Yo toda la vida he añorado a esas mamás buenas, que llega alguien abre la puerta, como la mamá de la Godoy, que hasta les daba las cajas para lustrar zapatos, fijate, siempre. Tú llegabas a esa casa y aunque sea un vaso de agua te tenías que tomar. Es como mi carácter pero mi mamá, a pesar de lo duro de la relación, ha sido una mujer maravillosa. A los 23 años enviudó, nunca se ha vuelto a casar y siempre siento que me dio lo mejor para mí y me cuidó demasiado. Me cuidó, pero yo no me dejé sobreproteger.

Siempre mi hijo me decía:. “Mami, y por qué a escondidas de la abuela”, porque desde chiquita estoy acostumbrada a hacer las cosas a escondidas de la abuela. Digamos, yo tuve gente en mi casa, la oculté.

- ¿A escondidas de su mamá?
Y de toda mi familia. Solo José Roberto lo sabe.

- ¿Nunca tuvo escondida gente al tiempo que su mamá estaba en la casa?
No, no, pero con mis tíos sí. Vaya, digamos, yo tuve... bueno, ¡pero voy a seguir con lo de Monseñor!

Ja, ja, ja...
Mirá, realmente, la mamá de Roberto Vilanova, los dueños de Schwartz y la Casa Castro, amaba a Monseñor Romero y ella estuvo en Cáritas en ese tiempo. Cuando pasó un desastre terrible en un pueblo, creo que fue una matanza en San Martín o un lugar por ahí. Bueno, a los niños les insertaban.... (silencio)

- ¿Cuchillos?
No, palos, estacas, en la vagina... las estacas de los cercos. Entonces, vino Tilo y le contó todo a Monseñor. La Vilanova le sugirió a Monseñor de que llamara a la gente de derecha de este país. Yo no me acuerdo si estuve en esa reunión o no, porque no me acuerdo. Pero mirá, ese día que Tilo le estaba contando esa matanza, yo te digo, que la boca se me empezó a hinchar de los nervios. Era una cosa espantosa.

Pero lo peor, y que fue un gran error, es que invitaron a la gente rica de este país y le fue muy mal a Monseñor.

- ¿Cuál fue la respuesta?
Pues fíjese que no me recuerdo, ahorita, pero la verdad es que fue un horror haber invitado a esa gente.

- ¿A qué gente se refiere?
A la gente de derecha de aquí, verdad, de dinero.

- ¿Pero a quiénes? Es decir, usted me acaba de mencionar que estaban ayudando Murray Meza, De Sola... a los que se considera de dinero ahora. ¿Entonces, a qué otras personas adineradas se refiere?
Esos no, esos no, no, no. Esos eran FUNDASAL, te estoy hablando de Monseñor Romero.

- Por eso le pregunto quiénes...
Me imagino que invitaron, por decirte un nombre, a la señora de Ávila a la mamá de Herbeth de Sola. No me recuerdo quiénes porque creo que no fui por no estar de acuerdo y yo soy radical.

¿Vio alguna vez tener miedo a Monseñor?
Monseñor tenía miedo. A mí me lo dijo 15 días antes de morir.

- ¿Cuál era su miedo?
Bueno, sabía que lo iban a matar y como hombre tenía miedo. Vaya, en el Hospitalito dicen que una vez oyó un ruido y que cogió su ataché y se fue. Entonces, a la hora del desayuno él les dijo a las monjas: “miren, ayer...”, les dijo, “yo sentía que me iban a matar, y tuve miedo y me salí, pero ahora traigo a los dos causantes: estos grandes aguacates”, ja, ja, ja. O sea que cayeron los aguacates del palo que había en la casa. ¿cómo estaría el pobre?, imagínate que pensó que eran pasos...

- ¿Él había recibido amenazas?
Muchas. Yo fui testigo. Cuando yo invité a Monseñor Romero a ir al 10º aniversario de la FUNDASAL, a la colonia El Pepeto, en Soyapango, hasta yo misma no sabía qué iba ha hacer. Yo iba en mi carrito y me dije: “Cómo hacemos, nos vamos con Monseñor o llevo mi carro”. Es que pensaba que me podía pasar algo, que terrible es la duda, después uno dice que es natural que haya tenido miedo. Además andaba yo de escondidas siempre en esas cosas. Y de repente, los del FARO (una organización de extrema derecha) le meten por la ventana unas hojas volantes con amenazas y me impresionó de ver que sólo dobló él la hoja en cuatro y la metió en la gaveta del carro y no comentó nada.

Por cierto, una de las personas que escribía cosas en contra de él fue esta señora María Baires de Membreño, que acaba de morir... fue mi ex suegra, gracias a Dios que no llegué a nada, porque la hubiera matado, le hubiera dado veneno quizás ja, ja, ja...

- ¿Sabe qué era lo que le escribieron?
No, fíjese que no, pero esas eran amenazas a muerte. Era una hoja color verde, me acuerdo. A él lo amenazaban y era...

Continúa...
“A Monseñor Romero que no lo comprometan con la izquierda” (II)